jueves, 28 de abril de 2016

MIEDO A SER INVISIBLE

Imagen de Miwa Ogasawara

Pero del tiempo que habla, no queda más que un muro

Golpeando en una tumba como un velo podrido.
La eternidad busca un reloj de pulsera

André Breton



Cuando no me ven,
soy nadie,
y sin tamaño. 
Un alma vestida de dudas,
en busca de un recipiente
que la acomode los domingos. 
Pido un cuerpo
tras una cruel resaca
de emociones desatadas. 
Pero hoy, 
ni siquiera amanece.  
Ningún instante,
ni abrazos posibles,
cuando no me ven. 
Hoy me falta el  margen
donde escribir palabras,
la página en blanco
para dibujar el sol,
la  pluma necesaria
para dar calor.
No disfruto de abrigo, 
no tengo frío. 
Tampoco lloro 
¿Dónde están las lágrimas
que mojan mejillas?
Ausencia de besos.
Ya no hay pómulos, 
no hay rostro. 
No camino, 
ni rompo espejos.
No muerdo, 
no gimo. 
No hay nada
y solo hay miedo. 
Sin orgasmos, 
sin yemas de los dedos, 
sin ruido, 
sin memoria. 
Dime alma,
¿por qué lo único que haces es doler, 
cuando no hay cuerpo?

lunes, 25 de abril de 2016

SOLO SERÁ UN SEGUNDO


Imagen de Liu Yaming

“…y así se deshacía el miedo que no tenía dientes
sino una trituradora de cielos vestidos de luciérnaga” 
Princesa Inca


Una vez,
consentí que me encadenaras.
Me convenciste de que la libertad era sacarme a pasear sin que nadie nos viera.
Decidiste que mi pantalón fuese dos tallas menos y los movimientos de mis caderas, los más trasnochados de los 80.

Una vez,
dibujaste una fina ranura en el saco de mi tiempo más placentero.

- Solo será un segundo, solo te robaré un segundo, un único segundo– repetías.

Una vez,
grité "No",  hasta romper todos los cristales, y te tapaste los oídos para inventar un "Sí" a tu medida.

Una vez,
me quemaste los pezones,
y yo,
yo lloré,  por la poca resistencia de mis pechos a tu calor.


-Solo será un segundo, y después otro, y otro… aguanta.

Una vez,
soñé que no podía sonreír porque habías cosido mis labios con hilo de pescar.
Tampoco podía gritar.
Y yo,
yo puse fin a la pesadilla saltando por la ventana de algún cuarto.

Una vez,
mi cuerpo se rompió y con todos los trozos, pude construirme otro a mi antojo.
Un cuerpo mío,
con su alma, sus pezones, sus sonrisas, sus sueños, sus labios, sus gritos.

Esa vez,
a mi lado, dormía otro.



martes, 22 de marzo de 2016

EL AMOR DURA SEIS DÍAS

Imagen de  Akiko Ijichi
DIARIO
Día 1
Acepto mi eterna condición de amante. 
Busco relaciones incómodas que obliguen a estar en constante alerta. Soportar  el peso de lo efímero sobre los hombros.  Siempre sé que habrá un final, es necesario  para que el colchón donde dormimos no adquiera la forma de nuestra apariencia.

Hay que cambiar de postura, escuchar las llamadas de atención y dibujar algún detalle de vez en cuando, mucho mejor si se elige un color que no existe.
Tenso la cuerda, sin querer, y convierto a mi amante en equilibrista.
Solo recurro a Anaïs Nin cuando necesito complicidad.

Mi prosa poética puede transmitir tristeza pero siempre nace en un extremo, sin términos medios, surge de la cúspide de una emoción que desenmaraña la madeja.

Puedo disfrazarme de víctima para que me ates a tu voluntad hasta sentir que disfrutas tomando las riendas. Solo a veces  bloqueas mis movimientos desde atrás, tapándome  la boca para que ni siquiera pueda expresar con gemidos tus juegos de violencia.

Miento cuando escribo porque la realidad se entremezcla con mis fantasías y ya no recuerdo si aquel trío lo propusiste tú o yo. Ni siquiera sé si fue contigo. No sé si fue a ella a la que agarraste por la melena para obligarla a que me chupase el coño. 

Recuerdo el placer y si no lo invento.
Tengo la suerte de ser escritora y puedo subir la temperatura a mi antojo.

Los peores días son los invisibles.
Hay una nada tremenda  en esos días de los que no hablo. Solo los nombraré aquí, de pasada, para que sepas que existen. No hay nada que decir de ellos, no los sufro, no los siento, no los vi.

Nunca sangro en esos días.
                                                                                          
Día 2
Necesito sol  aunque disfrute tanto con  la luna.  Madrugo, me gusta escribir cuando todavía no ha amanecido, mover la mano con sueño. 
Los pensamientos caminan lentos y los párpados pesan hasta que el sol comienza a asomar y siento que cuando todos inauguran el día, yo ya he recorrido el mejor tramo.

Tras escribir, estoy preparada para un orgasmo. Vomitar palabras relaja todos mis músculos.

Finjo y  bostezo como tú, como si también acabase de despertarme.
Desayuno café aunque me apetece una enorme copa de vino tinto.
Son las diez de la mañana.

Día 3
Entre cuadernos, dibujo una línea de orden en mi hermoso caos. Escribo solo a lápiz y vuelo.
Anotar a bolígrafo para no borrar se asemeja a firmar contratos.
No quiero escribir  en cemento. 
Detesto que sigan mis huellas. El camino que tomo está a la vista, cómo llegué a él, es  parte de mi secreto.

Un secreto solo lo puede conocer alguien que pierda mucho más que tú si es  desvelado.  Elige un amante que siempre tema, inmerso en un matrimonio, de los que fingen que funciona.

Siempre quiero escribir sobre secretos. 

- ¿De verdad hay algo que solamente tú sepas? ¿No hay nadie más implicado? 

Solo te pregunto para ver hacia donde se inclinan tus ojos al responder.

Desde hace años guardo uno de esos secretos. A veces pesa. Tamaño calibre siempre se lleva encima y he llegado a tambalearme al caminar.
Inventaré un personaje que robe ese tipo de secretos. 
Le compadezco.

Día 4
Hoy quería salir. Os llamé a los dos.  Detesto las excusas, solo me muevo al compás de mis deseos. Quería verte y pasarlo bien.  

No queda más espacio para las letras y preferí una pausa.  

El placer se asemeja a una montaña por la que siempre fluye un río. El agua se desliza de forma calmada pero hay momentos en los que el cauce aumenta y la salida del líquido parece explosionar. Esa parte del recorrido me apasiona.  Deslizo la yema de mis dedos para mojarme y disfrutar del paisaje. 

Lástima que no pudieras venir a pasear conmigo. 

Día 5
Esta mañana el cielo enrojeció. Me puse unas botas a juego y salí  a la terraza a admirar el amanecer.
Voy enlazando comienzos, vivo en una hoja en blanco que se llena a pequeños sorbos de tinta. 
Odio las quejas sin pellizcos y los sillones orejeros sordos  

Intenté mantener el tono el resto del día pero no fue posible. 

En la calle me crucé con la mujer invisible y tú me hiciste una visita vestido completamente de gris.
Busqué en nuestra conversación algo de color pero me invadió el sueño y te eché de casa para dormir.
Antes de irte te besé, bostecé, te besé otra vez, bostecé otra vez y  cerré la puerta.

Repleta de energía, escribí sin parar durante horas. Todo el dolor que provoca dejar de bailar quedó perfectamente plasmado en mi cuento. Sonreí, más pendiente de lo que ocurría entre líneas que de las palabras. 
Imaginé que te convertías en marioneta y que yo escribía cuando te marchabas las emociones que quería que trajeses en tu siguiente visita. 

Entonces sonó el teléfono y eras tú para ver si ya había descansado y podías volver.  
Supe que querías follar y acepté para ponerle el final rojo a este día tan extraño. 

Día 6
Suena un disparo agradable en la entrada de un cuerpo en llamas.  Sangre derramada, y nadando a su antojo, fluctúan los renglones torcidos que inventamos.  
Las uñas arañan cuidadosamente y la dosis exacta de saliva facilita la tarea. 

La tierra ha enterrado cualquier brote de obligación. Una garganta devoradora, se ha tragado una a una, las horas de un pasado que ni siquiera existió.

Silencio
Orgasmo
Fuerza
Calma
Lluvia


Nada es inútil si cae en el momento exacto sobre un cuaderno en blanco.