lunes, 31 de agosto de 2015

UN CORAZÓN SIN GANAS

Imagen de Eveline Tarunadjaja

Nunca me sentí cómoda en aquel cuarto. Le eché la culpa a mi mirada cansada y me instalé, sin más.
Inventé un lugar donde refugiarme con mis  cuadernos en un intento inexplicable de distanciarme de tu mundo. Aislada, me iba sintiendo mejor. 

Nos separaba un largo pasillo.

Algunas noches,  quise acercarme a ti.  Te visitaba, pero mi piel, al poco tiempo,  enrojecía, me picaba el cuerpo como si la sangre no fluyese por su camino y se quejase, pidiéndome a gritos regresar a mi espacio.
Al cabo de un mes, los lugares comunes seguían con las paredes desoladas.  La cocina acumulaba humedad y el suelo ennegrecido me entristecía, añorando de nuevo una dosis de comodidad mientras preparaba  el primer café.
Pronto llegó el frío, los cristales de las enormes ventanas lloraban, siempre mojados. Caminábamos con rapidez para entrar en calor.
Concentrarse era tarea imposible, los dientes castañeaban y el cuerpo temblaba. Cuántas veces nos cerciorábamos del calor exterior bajando a la calle con la excusa de comprar cualquier cosa… Decidimos permanecer durante todo el invierno con los abrigos puestos.

Nadie nos dijo que el invierno no tendría fin. 

Olvidé la forma de tu cuerpo pues no se dejaba intuir bajo los tres jerséis de lana y la chaqueta de piel. Qué decir de mis curvas, escondidas tras una especie de edredón oscuro del que jamás me separaba.

Las noches eran solamente para dormir. 

Corríamos hasta tumbarnos bajo las mantas sin ganas de que nuestras manos gélidas intercambiasen caricias.
Nuestros sentimientos también se iban convirtiendo en nieve. Una capa blanca e impenetrable cubría sin avisarnos cada uno de los rincones de un corazón sin ganas.

A veces, los amigos, alguna sonrisa o la huella de una frase bella, vencían aquel viento incómodo.
¿Qué fue de las sorpresas? La única música existente, era el crujir de tus nudillos contemplando el reloj de pared a la espera de que avanzase la aguja de los segundos.

No había tiempo para leer.

El tiempo distorsionado se estiraba envolviéndonos en sopor con episodios de ira  que hacían jirones  el silencio para culparnos,  uno a otro, de nuestro eterno aburrimiento.
El cómodo colchón había adquirido la huella de nuestros cuerpos. Las dos únicas tazas que permanecían sin romperse, reposaban junto al fregadero, con nuestros labios tatuados. Los dedos de mis manos se acoplaban entre los tuyos fundiéndose sin distorsionar la sombra del ayer.

Habíamos vivido continuamente duplicando instantes, borrando la palabra “efímero” del diccionario.

 Todo se tornó constante.  

Y cómo huir de un lugar tan pequeño, dónde ir, cómo salir si también se había esfumado el deseo de abrir la puerta… 


domingo, 30 de agosto de 2015

MAGIA

Imagen de Duy Hyunh

Te atreverás a gritar que las flores no son capaces de elegir el jardín que habitan.

Sin magia jamás convertirás tus teorías en cuento. 

Te habrán susurrado que mi color favorito ya es otro. 

Ahora soy invisible los viernes. 

Aprovecho para posar mis pies descalzos en los versos de algún poema, hasta que consigo mantener el equilibrio. 

He acortado el largo de mi falda para que el viento acaricie mis rodillas. 

El contoneo de la tela sigue el ritmo de las esdrújulas. 

Y ahora te atreverás a afirmar que no vuelo. 

Pronto sabrás que algunas tardes son mis alas las que provocan el vaivén de tu sombrero.

miércoles, 26 de agosto de 2015

LA DANZA

Imagen de Omar Ortiz


Me muevo cómodamente por un laberinto sin curvas.

Cada pendiente estimula mis pasos firmes y en el punto exacto donde nos cruzamos, dibujo un círculo de color azul que detiene mi mirada bañándola en libido.

Tu saliva facilita el camino y yo me dejo llevar, permitiéndote que elijas el ritmo de esta danza que concluye en una duna sin lágrimas.

No hay puertas ni ventanas, solo puestas de sol llenando páginas de instantes cromáticos.

Pido a tus  manos  una nota desconocida que brote de entre mis piernas.
Yo te devolveré un gemido con sabor a láudano

lunes, 24 de agosto de 2015

RUMOR


Imagen de Cristina Lotti

Él imagina que mis ojos son negros. Cree que mi corazón es tan pequeño que nadie lo encontró para arañarlo.

Inventa que solo sonrío con la suave curva que desciende hasta mi hombro.

Suele equivocarse de amanecer; después se apresura, pero el reloj nunca da marcha atrás.

Al fin y al cabo es una noche más, pálida como todas, susurrando en espirales.

También él es uno más, escondido tras la cortina raída, conformándose con mi silueta.

domingo, 23 de agosto de 2015

PRESENTACIÓN

Imagen de Marc Le Mené

He desatado los cordones de mis zapatos para tropezar y caer a tu lado.
Esta noche te regalo mi cuerpo para que la templanza de tus dedos consiga de él los mejores acordes.
Suelo jugar, te aviso.
A veces me escondo en mi silencio y resulto incómoda.
Hay días en los que mis consonantes son incomprensibles, grito miedos, solo me apetece brindar con agua y nadie me invita a las fiestas.
Pero siempre amanece y sé acariciar los recovecos del alma. 

Me gustan los vaivenes y algún insomnio de vino y rosas. 

martes, 18 de agosto de 2015

DESPEDIDA



La niebla sigue avanzando y ha borrado tu voz.
No recuerdo el lugar donde escondías tus mentiras.
Hubiera querido que supieses el significado de alguna de mis lágrimas y que tu verbena no coincidiese con mi herida.
No quiero duplicar instantes.
Quedan cristales rotos en el suelo, gritos adheridos a las paredes, ausencia de ti, y la misma soledad que surgía cada vez que me acompañabas.
Sabrás que vuelvo a despertarme con las mejillas sonrosadas y que amo mi vida desafinada. 
Las palabras turbias han viajado empujadas por el viento hasta un lejano basurero. 
Ahora camino descalza porque el sendero está libre de espinas. 
No habito subterfugios ni suplico bailes. 
¿Susurraste algún verbo? Solo escuché una frustración con disfraz de chantaje.

Hoy hay una fiesta y no estás invitado. 

jueves, 13 de agosto de 2015

NEGRO

Ilustración del libro "El presagio de las aves" realizada por Rubén Cañizares Martín

Siempre que olvido los zapatos, me pisan el pie izquierdo, ése que al amanecer torció mi día. 

Me escuece la uña del  dedo más pequeño. La pinto de rojo para que cada vez que mire hacia abajo, observe mi dolor. 

Rocío con zumo de limón mi carácter, añado vinagre y agarro un cuaderno para escribirte. 

Porque es agosto y podríamos estar sudando juntos.

Porque todo es agrio, incluso yo, y tú fuiste el último hombre que llenó mi nevera de tequila. 

Esta noche sobra  sal. 

Te regalo cuentos porque todo lo que escribo últimamente, es del color  de tu conciencia.