viernes, 20 de enero de 2017

ES TARDE


Imagen de Ydk Morimoe

Sin la amenaza del castigo no hay siquiera el placer de la fuga. 
Kobo Abe 


Enero me convirtió en grieta.
Hace frío y ellos se asoman,
lloro si me hurgan,
recito lo que quieren oír
antes de irme.
Me invitan a volver
tras cada huida.
Gritan,
después susurran,
prueban con dulzura
con violencia
con promesas 
dando dos pasos atrás
o un salto  sobre mi cama usada.

Se empeñan en meter el dedo;
ellos siempre son más.
Una y otra vez,
otro dedo.
Me gusta, pero vete.
Así un adiós, tras otro.
Mañana un cambio en el gesto,
los brazos cerrados
sin posibilidad de abrazo.
Yo abro mis piernas
aprieto la boca sin besos.
Me gusta, luego vete.
Siete carcajadas y un bostezo;
es tarde para llorar.


lunes, 2 de enero de 2017

HACE UN AÑO

Imagen de Sara Zin 

Los vecinos se aman durante aproximadamente media hora. Los gemidos contenidos junto a la tele de fondo,  tapan cualquier huella de depravación. La cama parece tener todos sus muelles destensados y chirría mucho más que los cuerpos desnudos. Aún en la brevedad del tiempo dedicado a saciar su hambre comedido, intuyo cansancio. Leo entre líneas, ganas de terminar; una prisa innecesaria por encaminar el pensamiento a lo cotidiano y dejar de “perder el tiempo”. 
Hace un año follaban durante toda la noche, sin taparse la boca, sin tele; siendo el orgasmo el que se apresuraba a ellos sin remedio.

domingo, 1 de enero de 2017

MI CUERPO

Imagen de Liu Hong

 El cuerpo es carta astral en lenguaje cifrado
Gioconda Belli


Busco bajo mi piel
con la certeza de que tras un desnudo, 
habrá algo más. 
Deseo crear asterismos
uniendo lentamente mis lunares
con la memoria de los ojos cerrados.
Paseo el peine por mi cabeza
hasta eliminar algún cabello
que no echaré de menos.
Escondo los peores pensamientos
bajo el moño más alto
de los días festivos.
Sé que tras las dudas
que habitan en mi melena,  
habrá algo más.

Varias líneas en la palma de mi mano
caminan hacia ninguna parte;
no hay nada más.
Desciendo por mis muslos
hasta alcanzar la entrepierna
y juego con mis manos.
Dos gemidos intensos
surcan sobre el eco
del cuerpo como casa.
Mis uñas crecen
aliviando el picor de una emoción
que duerme bajo llave.
Soy mi cómodo refugio,
lugar en el que habito sin fachada;
nada más.