viernes, 30 de marzo de 2018

¿QUIÉN ERES, AMOR?

Imagen de Jiwomn Pak
"Detrás de la palabra está el caos"
Henry Miller

Si el lunes eliges disfraz de costumbre
y el viernes te desnudas.
Irrumpes con talento,
provocando lesiones incurables
en cualquier mirada templada.
Sabes causar sonrojo,
orgasmos, alucinaciones o vuelos.

Puedes adoptar  forma de necesidad
y ahogar como la soga,
o descender en picado
con atuendo de vértigo.
Sueles llegar a deshora,
te amarras al cuello de dos 
y te desatas solamente de uno.

Tu final se esculpe
en el hielo más hiriente,
pero entre sábanas,
marcas cuerpos con acero ardiendo.
Te llevas  tan mal con la libertad
que a  ratos,
tu ausencia reconforta.

Dime, amor
¿cómo cuantificar las gotas de tu elixir
sin caer en la bulimia?
¿Cómo hacer dieta de ti
sin caer en el hambre?
¿Cómo saber si el jugo que segregas
es o no veneno?

                      Calla, amor. 


viernes, 9 de marzo de 2018

ELLAS


Imagen de Inés Días

¡Qué amante es la rosa y qué amada la espina!  
Gabriela Mistral

Dentro de mí,
todas ellas.
La que tiñe recuerdos
cuando el olvido no llega.
La vieja
que enseña a los niños
a desatar zapatos.

También una cualquiera
que duerme sin sábanas
y se desnuda demasiado pronto.
A veces, convivimos nueve,
nos acariciamos el cabello
mesando las canas,
despiojando  culpa.

Otras veces, discutimos
y nuestros pies se detienen
donde el camino se escinde.
La impaciente tiene prisa
la que calla no cuenta
la que habla nos confunde
y la que decide empuja.

Está la que siempre dice NO
en el mismo cuarto
que la que siempre dice SÍ
La que viste de rojo,
la invisible, la niña.
Está la que llora y grita
o la que ríe y se esconde.

También soy ninguna
cuando desando mis pasos
cuando deseo otro cuerpo
cuando despisto relojes.
Y siempre soy
la mejor amiga
de mis cicatrices.

jueves, 1 de febrero de 2018

SOLO SERÁ UN SEGUNDO


Imagen de Liu Yaming

“…y así se deshacía el miedo que no tenía dientes
sino una trituradora de cielos vestidos de luciérnaga” 
Princesa Inca


Una vez,
consentí que me encadenaras.
Me convenciste de que la libertad era sacarme a pasear sin que nadie nos viera.
Decidiste que mi pantalón fuese dos tallas menos y los movimientos de mis caderas, los más trasnochados de los 80.

Una vez,
dibujaste una fina ranura en el saco de mi tiempo más placentero.

- Solo será un segundo, solo te robaré un segundo, un único segundo– repetías.

Una vez,
grité "No",  hasta romper todos los cristales, y te tapaste los oídos para inventar un "Sí" a tu medida.

Una vez,
me quemaste los pezones,
y yo,
yo lloré,  por la poca resistencia de mis pechos a tu calor.


-Solo será un segundo, y después otro, y otro… aguanta.

Una vez,
soñé que no podía sonreír porque habías cosido mis labios con hilo de pescar.
Tampoco podía gritar.
Y yo,
yo puse fin a la pesadilla saltando por la ventana de algún cuarto.

Una vez,
mi cuerpo se rompió y con todos los trozos, pude construirme otro a mi antojo.
Un cuerpo mío,
con su alma, sus pezones, sus sonrisas, sus sueños, sus labios, sus gritos.

Esa vez,
a mi lado, dormía otro.