miércoles, 14 de junio de 2017

SIN TÍTULO

Imagen de Nieves Marquina
Todo lo que uno puede imaginar, otros podrán hacerlo realidad.
Julio Verne

Desde aquella mañana de otoño, solo existía en su mundo, la montaña que él señaló con el dedo desde la ventana. 

Ella confundió el amor con la dirección única y se dedicó a perseguir aquel lugar, a probar caminos con la única finalidad de visitar el rincón deseado. Vivió caminando, se perdió algunas veces y cuando llegó a la cima, solamente en ese instante, recordó el rostro de él. También volvió a ver aquella mano estilizada, el firme dedo índice que marcaba el camino. Entonces se percató de que él quedó atrás, mirando por la ventana. 
Unos cuantos pasos bastaron para que ella desapareciera. 

Nunca pensó en la opción de quedarse. Solía elegir perderse. 
En realidad, aquella montaña jamás existió. Fue el resultado de mezclar en un lienzo unos cuantos colores. 
Ahora ella no sabe si él estaba dentro o fuera de aquel bello cuadro.






domingo, 21 de mayo de 2017

RECORTE DE UN DOLOR

Imagen de Rubén Ricardo Arteaga



Los espejos son hielo que no se derrite.


Paul Morand 


Recuerdo que un día fui minúscula. Aún siento el arañazo de aquellas uñas sin cortar. 


Eran mías las manos pero no me vi.

¿Qué fue de aquel llanto al amanecer utilizado como despertador? Las noches fingían dormir en un colchón dañado por el paso de los años que alguien tiraba al suelo.

Era mío aquel cuerpo pero nadie lo vio. 

Los días pares eran idénticos a los impares. En casa habitaba la mentira de la pobreza y tú tenías los bolsillos llenos y la cama más grande. No olvidaré tus lágrimas secas para que aquel espejo te eligiese. 

Aún guardo sus pedazos, en la misma caja donde cayó tu silencio.

sábado, 13 de mayo de 2017

SEGUNDAS PARTES


Imagen de Ensee


Las palabras son sólo un guiño que aleja de las cosas que representan. 
Thomas Pynchon


Una noche cené un poema y mi corazón tomó la forma de esos corazones cursis y rosas que aparecen en las libretas para princesas. Con la indigestión mi piel adquirió un frío tono morado y me prometí que no volvería a escuchar más poesía con el estómago. 


Ahora miro a los poetas de reojo sin acercarme demasiado y solo saboreo los versos si están impresos en un buen libro.


Me he tomado unas vacaciones y duermo sobre una almohada de prosa para amanecer con calma.

Luego volvieron los vaivenes. Fue aquel día en que alguien me regaló un diccionario. 
Lo  aproveché para nivelar esa mesa que cojea pero no pude evitar agarrarlo un miércoles cualquiera  y buscar el término “prosaico”. 

Siempre existe  la definición más fácil: “relativo a la prosa”;  era solo una trampa para pasar a esas segundas líneas, segundos platos o segundas veces,  y  entonces leí : “Insulso, vulgar, anodino, muy apegado a lo convencional”


Pues eso, como las segundas partes.