martes, 11 de septiembre de 2018

LA NIÑA PEQUEÑA

Imagen de Takahiro Hirabayashi

La pequeña decidió vivir debajo de la mesa. Así se escondía de visitas inoportunas;  no tendría que besar a su tío con barba ni a su tía charlatana que le apretaba los carrillos como si exprimiese un limón usado. 

Se habituó a esas cuatro patas que la rodeaban y cuando empezó a sentir la madera en su cabeza, deseó intensamente no crecer más. 

- Iba para alta, pero es así de cabezota – solía decir su madre.

Sus amigos bajitos siguieron visitándola  durante casi un año más. Luego empezaron a quejarse de dolor en el cuello y en las rodillas. 

La niña se quedó sola, se aburría y entonces pidió con todas sus fuerzas crecer. Aumentó su estatura hasta que rompió el tablero. 

A partir de ese día el lugar que más frecuentaba era el espejo.  Necesitó que sus amigos y su madre le dijesen que ya era alta. Pidió que la midiesen. Dibujó un metro en la pared para corroborar que había alcanzado el número de centímetros exigido socialmente. 

Pensó que si se había excedido podría vivir esta vez en el tejado, donde no acudieran ni su tío con barba ni su tía charlatana. 

Pero ella nunca supo cómo crecer por dentro y tuvo que vivir con un cuerpo tres tallas mayor que sus emociones.

viernes, 7 de septiembre de 2018

RESILIENCIA

Fotografía de Rinko Kawauchi


No podría cuidar ancianos. Algunos pensaréis que mi corazón es un poco pequeño. Admiro a los que trabajan en residencias.
No podría ser médico. Admiro a los que trabajan en un hospital en la planta de paliativos. A mí me dan miedo los finales que carecen de comienzo.
Me llevo fatal con la enfermedad. A veces, desaparezco cuando alguien está enfermo porque no sé cómo comportarme, no sé cómo ayudar ni cómo estar sin entorpecer. El deterioro del cuerpo me desagrada. Sé que asimilaré mal el deterioro de mi propio cuerpo. 

Una doctora me dijo tras la segunda operación de mi pierna izquierda que no iba a poder caminar sin ayuda de las muletas. Habían muerto tantos vasos sanguíneos que no tenía la fuerza necesaria para soportar mi peso. Memoricé la palabra necrosis, era la primera vez que la escuchaba, e imaginé que esa extremidad no estaba del todo viva. Mi pierna izquierda había muerto un poco y había que resucitarla. 

Alguien me preguntó por aquello a lo que más miedo tengo; sin duda, a la dependencia. 

Pasaron años y otro médico me dijo que “habíamos” conseguido mucho, no había síntomas, solo una bella cicatriz. Pero me clavó un diagnóstico: tras mejorar, habrá un momento en la vida en que el avance se detenga. El cuerpo se quedará un tiempo en pausa y después vendrá la caída y ya los pasos serán todos hacia atrás.
Yo imaginé a este doctor con una bola de cristal entre las manos y tuve que contener la risa porque empezaba a ponerle en la cabeza un pañuelo decorado con monedas. 

Han pasado catorce años y sigo mejorando, caminando hacia delante, investigando nuevas formas, lo que algunos llaman “ir contra natura” pero que es todo lo contrario. 

Siempre me sorprendió cómo se corta una rama de una planta para colocarla en otra maceta y ambas viven. Una planta se cura el corte sin dejar huella de la amputación y sigue creciendo y echando nuevas hojas. La otra, la que fue rama, se independiza sin traumas. La jardinería es magia.
Y qué decir de esas molestas heridas en la yema del dedo al acariciar bruscamente el borde de un papel. Escuece, sangra y al día siguiente la piel carece de marca.
Renacer constantemente es ir a favor de la naturaleza. 

En mi última revisión médica, el doctor me comunicó que no había necrosis y que era imposible, pero se había regenerado el cartílago.¡Ay, la bola de cristal!… no sabe que no hay nada imposible. 

Sé que asimilaré mal mi deterioro, no separo cuerpo y mente. Hasta ahora solo sé caminar hacia delante y desobedecer diagnósticos y no quiero aprender lo contrario. 

“El mejor médico es aquel que consigue que sus pacientes dejen de medicarse” – me dijo ayer un amigo. También me dijo que “El objetivo es morir joven, lo más tarde posible” 

Algunos se empeñan en llamar cabezonería a la curiosidad. El azar es la religión de los ateos – añado yo. 

viernes, 31 de agosto de 2018

LO QUE NO SE CONTARÁ


Aunque estuviéramos todos juntos, él parecía estar solo.Era observador, tímido y le gustaba lanzar agüeros. 

- Esa chica dará problemas. Acabarán mal…

Acertaba casi siempre, pero nos empeñábamos en pensar que se equivocaría, que era un maniático. Jamás mintió y aunque se burlaba de los defectos ajenos, era incapaz de desear mal a nadie. 
Le costaba muchísimo decir "no". 

Nos miraba, nos incomodaba con sus ojos y tejía con un hilo invisible puentes entre unos y otros. Así se formó nuestra familia, sin motivo, sin pensar demasiado.
Sin preguntar, acudíamos a las reuniones, inventábamos la costumbre de visitarnos y de saber algunos detalles de vidas que confluían en puntos del calendario, sin acercarnos ni alejarnos en demasía.

Un día él murió y nadie había aprendido a tejer, ni a encontrar fechas, ni a dibujar costumbres. 
Entonces nos dimos cuenta de que esa persona era el auténtico puente y no existía tal rutina sino que en realidad había un deseo de encontrarlo a ratos. 

No volvimos a tener ganas de vernos, ni de contarnos, ni siquiera de imaginarnos.
Incluso los muros de aquella casa vieja de la infancia se movieron transformando los lugares que él habitó en lugares por donde ya no pasará. El patio encogió porque ya nadie lo regaba y las uvas de la parra no volvieron a ser dulces. 

Sí, recuerdo que en verano se contaban más cosas que en invierno.
Ahora sé que quedaron muchas cosas por contar.

LA LECTORA (en el metro)


La chica del vestido azul siempre lee. Yo observo cómo se acaba un libro y nace otro nuevo entre sus manos. Llevo todo el verano observándola. Nunca pasa más de siete días con la misma lectura, la concluye, la despide. Incluso he podido presenciar un par de finales. Ella lee la última frase y se detiene, inventa un gesto de pausa, cierra el libro y respira. Nunca lo guarda velozmente en el bolso, lo mantiene en una caricia sin movimiento y su mirada deja de ver porque sigue en ese mundo que habitó unos días, ella sigue un rato más rodeada de personajes, y tras tantas palabras, decide quedarse sin ellas. 

Al día siguiente, vuelve a madrugar. Se sienta y coloca cuidadosamente su enorme mochila verde entre las piernas. Yo espero ansiosa por ver qué título esconderá para los próximos días. 

La chica del vestido azul ha leído dieciséis libros este verano. Practica algún deporte; he podido ver dentro de la mochila agua y una toalla. 
¿Cómo pasará el resto del día? ¿Estará de vacaciones, de paso? ¿La habré soñado? ¿Cómo preguntarle tantas cosas a quien no conoces? ¿Cómo explicarle que el primer día que la viste supiste que sería la protagonista de uno de tus cuentos? 

Me despido de agosto, doy la bienvenida a septiembre y sé que la chica de azul ya no viajará en mi vagón de metro. 

Hoy, hay un señor frente a mí que no para de mirarme. Yo me siento como aquel personaje de un cuento infantil cuya cabeza era transparente y dejaba a la vista cada uno de sus pensamientos. ¿Conocerá este señor a la chica del vestido azul? 

Me incomoda y miro hacia abajo, hacia la mochila verde que siempre coloco entre mis pies, esa que lleva todo lo necesario para mi clase de bikram yoga. Luego saco el móvil de mi bolso, respondo un whatsapp madrugador, lo guardo… y para dejar de habitar el mismo mundo que el resto, saco de mi bolso un libro: “La campana de cristal” de Sylvia Plath y leo, hasta que no hay nadie.

jueves, 5 de julio de 2018

TRES VIDAS

Fotografía de Souichi Furusho 


Me dijo que le llevó tanto tiempo aprender a vivir que una de las nornas le otorgó tres vidas.
Yo no supe leer el gesto que acompañaba sus palabras. 

La primera vida comenzó como todas, con un nacimiento, como si fuera la única, pero se tornó en simulacro.

La segunda vida fue precedida de un susto; después tardó unos años en encontrar su cuarto. 

Siguió preocupándose por el futuro, los relojes, los calendarios, las agendas… sin dedicar tiempo a subrayar un ahora.

La tercera vida comenzó con un alivio, una puerta abierta, maletas y el movimiento de esas alas que no se había atrevido a utilizar. Reconoció que mantenía aún el susto de la anterior y por eso le dolía el pecho.

Sí, aquella mujer aprendió a vivir en su tercera vida; sacudió el polvo de su espalda, olvidó los escombros y jamás gastó su tiempo con aquellas personas que le lanzaban la palabra “suerte” 

LAS GEMELAS



Ángela y Tatiana Cruz eran idénticas por fuera pero habían dividido sus tareas, una de ellas se decantaba por el deber y la otra por el placer. 

Cuando se preguntaban cual de las dos era más feliz, no encontraban respuesta. 


Hubieran preferido poder intercambiarse un rato cada día y aprovechar su similitud para trastocar sus agendas y vivir de vez en cuando al otro lado. 


En realidad, solamente el deber podía anotarse en una agenda. 


Los padres de las hermanas Cruz les regalaban una a cada una el último día del año. 


Una de las agendas, la dedicada al placer, se mantenía en blanco y no porque su dueña no hiciese nada, sino porque hacía tantas cosas que no le quedaba tiempo para anotarlas. Ella siempre prefirió la vida sin titulares.


EL FUNCIONARIO




Entre ellos hay una mera transacción, una frase después de un buenas tardes, un traqueteo de euros y un ticket de despedida. 

Las paredes del lugar son tristes, el aire acondicionado aporta la temperatura adecuada y cinco personas atienden al público que extrae de la máquina su turno. 

 
Ella le mira y cruza los dedos para que le toque él. 
Él también mira de reojo y hace un repaso mental para ver si tiene que despachar rápido o ralentizar su conversación. 


No sabemos si es la mente de él o los rituales de ella pero podríamos calcular que en un 90 % de los casos consiguen mirarse a los ojos e incluso rozarse la mano aprovechado el cambio de monedas o la entrega del comprobante. 


Pero no se les ocurre cómo intercalar una propuesta de cita entre esas cuatro frases vacías. Han conseguido bromear, quejarse del calor, saber sus nombres e incluso fantasean en sus casas con el siguiente encuentro. 


Ni siquiera saben cómo se han enamorado sin conocerse.



domingo, 24 de junio de 2018

UN AMOR SILENCIOSO (en el metro)


Imagen de Kamil Vojnar

Me di cuenta de que él viajaba siempre en el asiento de enfrente. 
Estuvimos  tres meses  hablándonos a través de los ojos. Nos contamos todo lo que nos gustaba y lo que no. Alguna vez supe que tenía un problema y me lo dijo a través de aquel gesto de su mano cuando se rascaba el hombro. Otro día él descubrió una buena dosis de tristeza apoyada en mi espalda y me envió un poco de viento para que se deslizase hacia otro lado librándome del peso. Aprendí que estaba más contento cuando sus pies se torcían levemente hacia el lado izquierdo.

Fueron tres meses de un amor silencioso con mucho ruido que en nada se parecía a la costumbre. 

Pero aquel lunes no subió al metro. Intenté leer como antaño y no me concentraba. Soplé con fuerza a ver si me quitaba la tristeza yo sola, pero fue imposible. Miré los pies de la gente y los quise imaginar todos inclinados hacia la derecha. 

Al llegar a casa retrasé el calendario de pared intentando volver a marzo para seguir sin mirar a los otros viajeros, para no echar de menos, para avanzar a aquel pasado en que no nos conocíamos.


viernes, 30 de marzo de 2018

¿QUIÉN ERES, AMOR?

Imagen de Jiwomn Pak
"Detrás de la palabra está el caos"
Henry Miller

Si el lunes eliges disfraz de costumbre
y el viernes te desnudas.
Irrumpes con talento,
provocando lesiones incurables
en cualquier mirada templada.
Sabes causar sonrojo,
orgasmos, alucinaciones o vuelos.

Puedes adoptar  forma de necesidad
y ahogar como la soga,
o descender en picado
con atuendo de vértigo.
Sueles llegar a deshora,
te amarras al cuello de dos 
y te desatas solamente de uno.

Tu final se esculpe
en el hielo más hiriente,
pero entre sábanas,
marcas cuerpos con acero ardiendo.
Te llevas  tan mal con la libertad
que a  ratos,
tu ausencia reconforta.

Dime, amor
¿cómo cuantificar las gotas de tu elixir
sin caer en la bulimia?
¿Cómo hacer dieta de ti
sin caer en el hambre?
¿Cómo saber si el jugo que segregas
es o no veneno?

                      Calla, amor.