viernes, 1 de enero de 2016

UN CORAZÓN SIN GANAS

Imagen de Eveline Tarunadjaja

Quiero hacer que la gente llore, incluso cuando no entiendan mis palabras. 
Edith Piaf

Nunca me sentí cómoda en aquel cuarto. Le eché la culpa a mi mirada cansada y me instalé, sin más.
Inventé un lugar donde refugiarme con mis  cuadernos en un intento inexplicable de distanciarme de tu mundo. Aislada, me iba sintiendo mejor. 

Nos separaba un largo pasillo.

Algunas noches,  quise acercarme a ti.  Te visitaba, pero mi piel, al poco tiempo,  enrojecía, me picaba el cuerpo como si la sangre no fluyese por su camino y se quejase, pidiéndome a gritos regresar a mi espacio.
Al cabo de un mes, los lugares comunes seguían con las paredes desoladas.  La cocina acumulaba humedad y el suelo ennegrecido me entristecía, añorando de nuevo una dosis de comodidad mientras preparaba  el primer café.
Pronto llegó el frío, los cristales de las enormes ventanas lloraban, siempre mojados. Caminábamos con rapidez para entrar en calor.
Concentrarse era tarea imposible, los dientes castañeaban y el cuerpo temblaba. Cuántas veces nos cerciorábamos del calor exterior bajando a la calle con la excusa de comprar cualquier cosa… Decidimos permanecer durante todo el invierno con los abrigos puestos.

Nadie nos dijo que el invierno no tendría fin. 

Olvidé la forma de tu cuerpo pues no se dejaba intuir bajo los tres jerséis de lana y la chaqueta de piel. Qué decir de mis curvas, escondidas tras una especie de edredón oscuro del que jamás me separaba.

Las noches eran solamente para dormir. 

Corríamos hasta tumbarnos bajo las mantas sin ganas de que nuestras manos gélidas intercambiasen caricias.
Nuestros sentimientos también se iban convirtiendo en nieve. Una capa blanca e impenetrable cubría sin avisarnos cada uno de los rincones de un corazón sin ganas.

A veces, los amigos, alguna sonrisa o la huella de una frase bella, vencían aquel viento incómodo.
¿Qué fue de las sorpresas? La única música existente, era el crujir de tus nudillos contemplando el reloj de pared a la espera de que avanzase la aguja de los segundos.

No había tiempo para leer.

El tiempo distorsionado se estiraba envolviéndonos en sopor con episodios de ira  que hacían jirones  el silencio para culparnos,  uno a otro, de nuestro eterno aburrimiento.
El cómodo colchón había adquirido la huella de nuestros cuerpos. Las dos únicas tazas que permanecían sin romperse, reposaban junto al fregadero, con nuestros labios tatuados. Los dedos de mis manos se acoplaban entre los tuyos fundiéndose sin distorsionar la sombra del ayer.

Habíamos vivido continuamente duplicando instantes, borrando la palabra “efímero” del diccionario.

 Todo se tornó constante.  

Y cómo huir de un lugar tan pequeño, dónde ir, cómo salir si también se había esfumado el deseo de abrir la puerta… 


13 comentarios:

  1. Y como decirte, que aunque no tan tremendo, me identifico con ese cuento. La ultima frase me resulta demoledoramente cierta.

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  2. Cada instante es un cuento. En un mismo día todos somos capaces de saltar de uno a otro.
    Lo peor que puede ocurrir es saber que no quieres estar en un lugar y que no tengas ganas de abrir la puerta.
    Casi todo es tremendamente fácil, eso sí... si hay ganas.

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  3. Precioso, me ha encantado

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  4. Como siempre, me ha gustado mucho, te propongo un reto, que el cuarto se llene de colores y que al asomarse siempre aparezca tu sonrisa
    Un abrazo, Liana

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    1. Hace tiempo que el cuarto se llenó de color y mi sonrisa entra y sale cómodamente. Gracias por visitar mis letras y acompañar mis vaivenes. Abrazos

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  5. A mí me gusta mucho, creo que de los que más me han gustado. Besos, Luisa.

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  6. Cada día, mejor. Asombrosamente descrito ese sentimiento
    tan difícil de describir. Es como si lo respiraras...

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  7. Como la vida misma...Cris

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  8. Precioso texto, al que acompañaría de esta canción de Zahara, El frío. http://www.vevo.com/watch/zahara/el-frio/ES71J1400228

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  9. Gracias por todas las entradas y por todos los comentarios. Estoy preparando mi segundo libro, la nueva web, los nuevos laboratorios... si hay poco movimiento en el blog es porque hay mucho movimiento fuera.
    Seguid pasando por aquí. Abrazos

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