jueves, 4 de febrero de 2016

EL COLUMPIO

Imagen de Tititi

Eres el mejor momento para escribir.

No importa si madrugo o si la noche se ha alargado tanto que continúa. Utilizo el lápiz como bastón y borro el desequilibrio de mis piernas con la complicidad del viento.
Muerdo como la primera vez y todos los sabores se unen en un banquete sin estrenar. 

El prólogo son las ganas, mejor si lo lees al final.

Le doy la mano a mi cicatriz y una patada a la prisa.  Hubo años en que todo quedó por hacer. El reloj me introdujo en un laberinto y se detuvo. Perdida, vagué confiando en la puerta como única salida.
Los cuentos me enseñaron a traspasar paredes, a volar, a convertir los arañazos en caminos.  
No creo en los boleros, si tú me dices “ven”, yo no voy a dejar nada.

Cientos de mundos se esconden en una sola baldosa. Quiero que el porvenir nunca sea una costumbre. Elijo pisar un suelo sin grietas donde el eco no se inmiscuya en la buena música ni el baile se convierta en un mal paso.

Nadie dijo que fuese difícil.

Llego a mi destino y no hay ni un solo rasguño en la superficie.  Ahora mis zapatos danzan hasta el otro lado del cuarto. Giro mi mirada para ver el itinerario recorrido y contemplo  todas las baldosas rotas por el suave roce de mis pies.  

Ya no hay modo de regresar.


Fiel a las reglas de todo juego que invento, alcanzo el columpio. 
Vivo en movimiento, indiferente a si las heridas de tu pasado tienen cura.

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