sábado, 29 de julio de 2017

CUMPLEAÑOS FELIZ

Imagen de Fuco Ueda


Como cada día, el despertador sonó a las 9 de la mañana.  El viento ya movía  las cortinas fingiendo una danza lenta, sin prisa. El ritmo de sus párpados iba  aumentando, de niña siempre perdía cuando la retaban con aquel estúpido juego a permanecer sin parpadear. Sin embargo, su cuerpo se agitaba despacio como si pesase un poco más según avanzaban los minutos. Tenía la sensación de que sus músculos palpitaban más que su corazón, sentía pequeñas convulsiones tras las rodillas, a veces junto a la oreja.

Se levantó. Notó la rugosidad de la alfombra en la planta de sus pies y caminó hasta el salón. La tristeza se había instalado en el techo, junto a lámpara de araña y ya no se percataba de ella. Estaba ahí, había tomado el control de la vivienda pero para qué iba ella a mirar hacia arriba.  Miraba constantemente el  suelo y solo había restos de comida, cabellos caídos que se enredaban junto a los cabellos arrancados y alguna mancha de grasa consecuencia de esos bocadillos enormes que se hacía con sardinas enlatadas; siempre se olvidaba de comprar servilletas. 

Hoy tenía un cumpleaños, un almuerzo de cumpleaños. Habrá tarta, gente nueva a la que conocer, música. Necesitaba hacer una lista con temas de conversación y buscaría algún dato en internet para parecer  interesante en la tertulia. 

Tendría que llevar un regalo, claro.  Necesitaba saber quién cumplía años. La cita era a  las 13.00 horas, eso lo recordaba.

Miró en el calendario de pared por si en la casilla correspondiente al 3 de julio hubiera anotado el nombre de la persona que la invitó; pero no, solo ponía fiesta e incluso había dibujado una especie de pastel, algo naif, con dos velas.

Ella odiaba los números pares. No podía haber sido ella la que hizo el dibujo. Solía poner una vela o tres, pero nunca dos.  Esa tarta deforme la había pintado la persona que cumplía años.


Miró el móvil, a ver si con un poco de suerte las redes sociales o alguna agenda digital le recordaban algún dato más.

Su teléfono marcaba aún las 9 de la mañana. Quizá fuese el despertador el que andaba adelantado.

No había tiempo que perder. Lo importante era encontrar un regalo que sirviese para cualquier persona. ¿Y si fuese un niño?  ¿El hijo de alguna amiga y por ello esa especie de tarta tan infantil? Podía llevar algo típico, un buen vino, un bizcocho, flores… pero aquí el problema era que se tratase de un niño como tantos que espera con los brazos abiertos su paquete envuelto en papel brillante.

Si se detenía a buscar pistas no llegaría a tiempo.

¿Y adónde tenía que llegar? ¿Dónde era esa fiesta de cumpleaños?

Entonces lo tuvo claro y se puso mucho más nerviosa. Era su propia fiesta de cumpleaños.  Tenía  que prepararlo todo. Lo más rápido sería bajar a comprar lo necesario para hacer unos sándwiches. También buscaría una tarta ya preparada y bebida, mucha cerveza, algunas botellas de vino tinto, un tinto joven que combine bien con el embutido y los encurtidos.  ¿Podía servir el mismo vino con un poco de salmón ahumado? No quería parecer una paleta.

Se tenía que vestir para la ocasión.

Abrió el armario y buscó un vestido amarillo con flores azuladas. Era muy llamativo, quizá más adecuado para un baile de noche pero qué caray, era su fiesta de cumpleaños. Se maquilló en tonos pastel, se hizo un enorme moño y se puso unos tacones altos.

Antes de precipitarse cogió su móvil y buscó en la agenda: mamá, madre, Adela… no estaba por ningún nombre.  Menos mal que eso sí lo recordaba: 656 71…

Enseguida sonó una voz de mujer al otro lado

-       Mamá, hoy es mi cumpleaños ¿lo recuerdas, verdad?
-       Señorita se ha confundido de número, aquí solamente vivo yo y no tengo hijas. Lo siento.

La señora colgó y entonces Galena se puso aún más nerviosa.

Seguramente era una broma, sería la mujer que limpia los lunes en casa de su madre. Sí, los lunes sube a limpiar una mujer que tiene esa misma voz. Su madre le ha gastado una broma pesada.

¡La mesa! Está llena de trastos. Antes de bajar a comprar todo hay que limpiar, buscar el mantel rojo, las copas… luego comprará flores. ¿Qué música es la más adecuada para una fiesta de día?

No se tenía que haber hecho el moño tan pronto, se estaba deshaciendo mientras ponía orden.

Se detuvo junto a la ventana y sin darse cuenta comenzó a mordisquear sus uñas con ansia. Una, otra, tiró de la piel hasta que la línea de las cutículas se volvió roja, la sangre brotaba despacio. Intentó arañarse pero ya no pudo, unas pequeñas manchas de sangre marcaron su brazo izquierdo cerca del codo.  Entonces tiró del moño y lo deshizo completamente.

Volvió a tomar su teléfono móvil. Llamaría de nuevo a su madre… 654 82…

Al otro lado del teléfono sonó una voz  distinta, parecía una mujer joven, simpática.
-       Busco a mi madre, soy Galena
-       Se ha confundido señora, aquí solo vivimos mi novio y yo. Lo siento. Habrá marcado mal, vuelva a intentarlo.

Respiró hondo y se puso a colocar la mesa. Puso varios platos, sacó un jarrón vacío y lo puso en el centro.
Se miró en el espejo del cuarto de baño, peino su cabello y en lugar del moño se hizo una larga trenza. En el vestido había una mancha de sangre, lavó sus manos y frotó la tela con una toalla húmeda hasta que disimuló como pudo el cerco rojo.


Se habrá hecho tarde. ¿A cuánta gente habría invitado? Ella no tenía amigos así que tenían que ser desconocidos. Era mucho mejor, gente nueva a la que conocer. ¿Y por qué los escogió? ¿Y cuándo?

Agarró el bolso y bajó corriendo la escalera. Ya en el portal se colocó el flequillo y se echó en el cuello unas gotas de la colonia barata que llevaba siempre en el bolso.

Caminó un par de metros.  La pastelería aún estaba cerrada. 
Miró su reloj de pulsera. Eran de nuevo las 9 en punto de la mañana.


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