domingo, 21 de mayo de 2017

RECORTE DE UN DOLOR

Imagen de Rubén Ricardo Arteaga



Los espejos son hielo que no se derrite.


Paul Morand 


Recuerdo que un día fui minúscula. Aún siento el arañazo de aquellas uñas sin cortar. 


Eran mías las manos pero no me vi.

¿Qué fue de aquel llanto al amanecer utilizado como despertador? Las noches fingían dormir en un colchón dañado por el paso de los años que alguien tiraba al suelo.

Era mío aquel cuerpo pero nadie lo vio. 

Los días pares eran idénticos a los impares. En casa habitaba la mentira de la pobreza y tú tenías los bolsillos llenos y la cama más grande. No olvidaré tus lágrimas secas para que aquel espejo te eligiese. 

Aún guardo sus pedazos, en la misma caja donde cayó tu silencio.

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