sábado, 19 de diciembre de 2015

EL ECO, EL CAOS, LA TORMENTA

Imagen de Gabriel Pacheco

Cuídate de los que sólo ven desorden en el ruido y paz en el silencio
Otto Von Bismarck

Escucho una voz lejana que se ha transformado en un amasijo de vocales; de fondo suena una “o” minúscula y eterna.  Las vocales siempre llevan zapatos de tacón, el sonido de sus pasos golpea mi mente. Son capaces de transformar un cuervo en un ciervo.  
Somos marionetas en sus dedos, dados que caen al azar y siempre marcan el nueve, dudas que toman atajos.
La poesía presume de apoyarse en los silencios pero requiere de voces que la introduzcan en calles estrechas donde el eco gobierna.

La prisa siempre toma el camino más corto.

Agito las letras en busca del cuento improvisado y soy cómplice de la luna porque yo también menguo algunas noches y crezco otras.

Jamás existiría el fulgor sin la oscuridad que me arrastra al cuaderno.

Nunca te pedí que me leyeras. En mi mano solo hay un lápiz que se mueve sin pensar en tu mirada.

Duele la luz del sol cuando apenas se ha dormido y el vodka se agarró a cada una de mis pestañas.

Aprieta el collar que imponen las falsas amistades; inventan un traje que no encaja con un cuerpo, un cuello que no se adapta a las cadenas de un corazón que dejo de latir en el primer hasta luego.

Nunca permanezco en el lugar donde más me buscan. 

Ningún semáforo decidirá el instante en que comenzaré a cruzar el puente. En el otro lado, las consonantes prometen que todo cobrará sentido. 

De nuevo las promesas cubren de un tono gris el cielo y solo deseo la más intensa tormenta.  


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