sábado, 12 de diciembre de 2015

DELIRIO

Imagen de Jee Young Lee


Me interrumpo para señalar que me siento extraordinariamente bien.
Samuel Beckett

Tus palabras son esos círculos que aparecen en el lago del olvido cuando me arrojas la piedra. Son  nítidos,  pero poco a poco se deforman en el agua hasta convertirse en nada.

Das un  golpe limpio y contemplo como se evaporan ante la ventana abierta de la que fue mi  jaula. Hace mucho tiempo que el pájaro huyó y ahora disfruta de un vuelo sin destino.

Mantengo el pozo de antaño en el patio y me asomo para sentir que puedo arrojarme pero no lo deseo.  Vislumbro la soga en la rama más alta del árbol para recordar que aprendí a confeccionar el nudo perfecto y sin embargo, solo utilizo el  vaivén como medio de transporte y la cuerda como columpio para sentirme acariciada por el viento.

Nunca me peino para acudir a citas importantes.

Oigo todo aquello que no escucho, ansiando dejar de ser una obsesión y transformarme en  vago recuerdo. 

El rímel que acaricia mis pestañas disfruta de la lluvia que lo difumina, dejando en los ojos más bellos, el disfraz de una noche de excesos.

Recuerdo el peso de la locura sobre la protagonista de aquel cuento.  Ella pinta los labios de una de esas muñecas con rostro de porcelana.
No desea verse en el espejo y evita maquillarse.
La muñeca se resigna, sin imagen, convirtiéndose en el clímax del terror.


Nunca se sabe adónde irán a parar los dardos que arrojas. Cuentan que algún delirio... adoptó  forma de boomerang.



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