miércoles, 4 de noviembre de 2015

ACTUALIDAD

Imagen de Andrea Aloi 
Nunca tengo prisa, no tengo tiempo.
Ígor Stravinski


Ya nadie sabe cual fue el inicio. 

Giras, te retuerces, enlazas unos cuantos proyectos hasta hacerles un nudo y después bebes para celebrar lo nunca hecho. 

Se te ocurren diez palabras y crees que duelen. Corres a colocarlas en las redes sociales pero al segundo ya no te lee nadie. El ruido que te critica se alarga pero el aplauso en forma de murmullo es breve. 

Picoteas un poco, siempre sin hambre. 

Te sirves unos cuantos titulares que digieres mal porque no sabes de maridaje. Celebras lo nunca leído y adaptas la sobredosis de escasa información a las neuronas sin agujetas.

Dejas para más adelante “En busca del tiempo perdido”; hace tiempo que tienes ganas de leerlo pero pesa demasiado para llevarlo en el metro y en la bici solo portas micro-relatos. 

Has marcado el día diecinueve en la agenda para planificar una cita, no sabes con quién. Aún quedan un par de semanas. Debes alternar deberes y placeres según el manual a seguir para mantener la mente en forma. 

El evento no debe sobrepasar los ciento cuarenta caracteres. 

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