viernes, 4 de septiembre de 2015

BOSTEZO


Imagen de Carlos D. Pulido

La lentitud convierte tu voz en retardo. 

No sabes cuánto tiempo hace que tu mano no enciende una hoguera. 

Tu cuarto está repleto de mullidos cojines donde descansa una conciencia sin vértices. 

Me duermo cada vez que escucho tu voz. 

Intento escribirte el cuento que prometí, pero mis palabras se han contagiado de tu fatiga y solo saben frenar nueve segundos antes de rozar el papel. 

La música sorda que acompaña tus viernes carece de instrumentos con alma.

Un hilo de olvido ha amarrado tus manos y tú paralizado, esperas que alguien se acuerde de ti


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