sábado, 8 de agosto de 2015

AYER


Fotografía de Sonya Jach 
Y es que nada hay tan difícil como cerrar por amor la mano abierta y avergonzarse de su generosidad.
Friedrich Nietzsche

Es viernes y la terraza huele a soledad. 
Busco en el saco de los recuerdos. 
Revuelvo todo para ver si hay un poco más de sal y con ella untar de nuevo mis heridas. 
Araño con destreza la piel que rodea la cicatriz hasta que un fino hilo de sangre me devuelve el sabor de tus besos. 
Miro el tatuaje que ya no me haré y dibujo en mi rodilla una diana morada. 
Te clavo en el centro y sonrío.
Mis pies se mueven deseando encontrar el camino más largo y olvido que ayer tuve alas.
Tus noches son demasiado claras.
La luna ni siquiera te mira y buscas con insistencia una moneda en tu bolsillo vacío. 

No hay nada que comprar. 

Mañana irás asustado a verte en el espejo del cuarto olvidado y comprobarás que tus ojos solo saben mirar hacia abajo. 

Un abrigo de tristeza se ha convertido en tu piel. 

Lo siento, mis manos ya no pueden portar más semillas y el líquido que brota de entre tus piernas se seca antes de llegar a mi jardín.

2 comentarios:

  1. tus palabras me dejan un mágico aroma con sabor a soledad

    gracias por compartirlas

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Pilar. Tus letras son siempre un placer vengan en forma de comentario o ... de poema.
    La soledad puede ser una buena compañera.

    ResponderEliminar