miércoles, 3 de agosto de 2016

LA MÚSICA DE NUESTROS CUERPOS

Imagen de Naomi Nakao
Yo pongo estrellas entre tu piel y la mía y te recorro entero, sendero tras sendero, 
descalzando mi amor, desnudando mi miedo.
Gioconda Belli


Deambulábamos  por el palacio, abrazados y sin tocarnos. 
En silencio, re-editábamos los capítulos de nuestra vida saboreando cada uno su camino hasta que inevitablemente, nos refugiábamos en aquel cuarto propio, para fundirnos entre sábanas de calma.

Frente a la cama, había un pequeño balcón con unas cortinas semi-transparentes que siempre se contoneaban a su antojo.
De la ventana de enfrente,  algunas tardes brotaba la agradable música de un violonchelo. 

Supusimos, que alguna estudiante de música practicaba entre partituras.
Preferimos, inventar que aquella mujer desnuda había sido premiada con el talento de decidir el ritmo de nuestra piel. 

Aquella imaginaria musa confeccionó una marioneta con hilos de placer que movía a su antojo hasta que sus dedos se cansaban, o se detenían traviesos, para pausar nuestro viaje.

Así jugábamos  a acariciarnos hasta que la melodía paraba.
Así yo, sufría y disfrutaba de las pausas más o menos largas, tanto como de los comienzos inesperados. 
Soñaba noches enteras con que la música volviese a nacer y terminaras el recorrido que desembocaba en penetrarme.

Cada canción dotaba a la yema de tus dedos de la intensidad adecuada, deslizándose por mi piel y endureciendo los rincones más sabrosos de mi cuerpo. 

Dejábamos la puerta del balcón abierta, pero arrastrábamos con precisión las finas cortinas para que el aire las hiciese danzar hasta la abertura óptima y que las curvas de nuestros cuerpos se insinuasen en el apartamento vecino.

Jamás conocimos a nuestra cómplice.

Los pasillos del palacio se fueron haciendo más cálidos, más estrechos, y sin darnos cuenta, cada uno de nuestros pasos desembocaba en aquel rincón donde placer y armonía convivían con la música de nuestros cuerpos, con el baile de los dedos de aquella joven. 

4 comentarios:

  1. Toques lo que toques, lo bordas.
    Un abrazo. Gracias. S

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    1. Gracias S.
      sabía que te éste, te gustaría.
      A mí también me bordan a veces ;)

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  2. Precioso, Cristina! Prosa poética con ritmo de violonchelo.

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    1. Mil gracias, Laura, por la visita. Daré un paseo por tu casa.
      Me ha encantado escucharte, de veras. Has dicho tantas certezas en tres minutos. Nos re-encontramos pronto para seguir des-aprendiendo.
      La vida como danza.

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