Mil días después del estallido en el que nos conocimos, la criatura seguía rompiendo cada noche los cristales de la ventana de mi cuarto y acababa inundando de semen todos los rincones de mi cuerpo.
Sus intensas penetraciones se encargaban de que el placer doliese y eso activaba mi deseo suplicando un rasguño más.
Desde entonces colecciono cicatrices que riego con el zumo de opio que él me prepara.
Alguna vez llegué a percibir, mientras arañaba mi espalda, el humo que brotaba de las sábanas, el olor a fuego que emanaba de sus muslos, las cenizas en las que se convertía mi sudor… Pero el seguía danzando sin pausa, dibujando con sus afilados dedos corazones en mi culo que luego lamía con su larga lengua.
Fue su lengua la primera en invadir mi coño. Fue su lengua la primera en hechizarme, en rociarme de una agradable saliva que me hacía vulnerable en unos cuantos segundos.
Y ahora desfallecida después de cada una de sus huidas, espero ansiosa el siguiente encuentro que me envolverá en un dulce dolor y tatuará en mi cuerpo la intensidad de la vida.
Imagen de Marino masazucra@gmail.com

... en el signo de Escorpio XD
ResponderSuprimirUn saludo.