viernes 26 de febrero de 2010
A ÁFRICA
Aquellas noches en las que no era capaz de conciliar el sueño me imaginaba abrazada al enorme baobab y pronto mis ojos se cerraban traspasando las gruesas pastas de mi libro de cuentos africanos.
En realidad mis breves contactos con África despertaron mi curiosidad por el continente pero jamás conseguí acariciar su alma. Nunca llegué a perderle el miedo y no tuve el tiempo ni la valentía necesaria para darle mi amor, ya que sabía que el precio convenido era mi propia vida.
Deseaba aquellas tierras pero aunque hay quien me cree sumisa, no acepto un amor con condiciones. Cuando el amor me volvía vulnerable, huía veloz a beber de las raíces del viejo baobab para que su jugo me devolviese la fuerza.
Pronto las lágrimas que África me arrancaba se convirtieron en la sangre con la que escribo mis versos escondidos.
Hoy vuelvo a levantarme del suelo, limpio la arena de mis rodillas y la miro de frente para recitarle mi poema, con esta dichosa mezcla de amor y odio, deseando que un día, al mirarla, su recuerdo se haya vuelto invisible.
- África, quizá algún día vuelva a tus brazos y sea yo quien ponga las condiciones.
Mientras espero el momento, me refugio entre mis cuentos con aroma a chocolate.
Imagen de Inés Rubiales
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Vaivenes
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Qué grata sorpresa me ha parecido tu blog. Ya te tengo enlazada y por supuesto, te seguiré. Pero, escribiendo como escribes, porqué no nos regalas más "post"?? En fin... Gracias por el regalo!! :)
ResponderSuprimirY que sí, que sí.... que quiero viajar a África para abrazarme a un baobab...
Jajaja! Yo también te seguiré Dalai Mala. Algún día te contaré mis historias africanas... Necesito escribir aunque ahora no tengo mucho tiempo :D
ResponderSuprimirBesos